A sus nueve años, mientras muchos exploran el mundo, Manuel Salinas ya está creando los suyos propios. Este estudiante de 4º Básico B del colegio San Juan Evangelista no solo dibuja; da vida a universos enteros con un lápiz y un secreto que aprendió a dominar desde muy pequeño: la alquimia de los colores.
Desde los cinco años, sus manos comenzaron a trazar los primeros monstruos, criaturas primigenias que anunciaban un talento en ciernes. Hoy, esa práctica constante ha florecido en un estilo inconfundible. “Hoy en día creo dibujos que no existen”, confiesa Manuel, y es en esa inexistencia donde radica su magia, su arte es un acto de invención pura. “Me encanta inventar animales como perros sin orejas, cuatro colas, con un ojo”.
Para él, la creación nace de la mezcla, de la fusión de tonalidades para encontrar algo nuevo. “No hay lápices exactos que tengan un tipo de color, entonces si mezclas los colores vas creando algo nuevo que no conoces”, explica con la sabiduría de un veterano.
Este conocimiento, nos cuenta, fue inspirado por su profesora de Arte, miss María Carolina, pero el impulso original, el arte de dar forma a una idea sobre el papel, proviene de un legado familiar. “Lo aprendí además de mi abuelo, él me enseñó a dibujar”.
La herencia artística corre por sus venas. No es casualidad que su padre se dedique a la ilustración de dibujos animados y que su abuelo, desde Uruguay, compartiera con él esa misma pasión por el trazo y el color. “Yo aprendí de todo lo que me enseñó a dibujar y mezclar colores”, afirma, reconociendo a su familia como la primera escuela.
Sus personajes no son estáticos; habitan un mundo vibrante donde “hacen cosas creativas como dibujar, hacen cuadros, participan en batallas”. Crea cómics y figuras humanas que se interpelan, construyendo narrativas visuales complejas que demuestran una imaginación sin fronteras.

Cuando se le pregunta por el futuro, sus sueños son tan claros y definidos como sus dibujos. Si tuviera que elegir un lugar para compartir su arte con el mundo, su respuesta sorprende y fascina.
—Si tuvieras que exponer tus creaciones, ¿dónde las expondrías?
—”En el museo de Historia Natural en Santiago”.
—¿A qué te dedicarías al salir del colegio?
—”Me encantaría ser artista y dedicarme a publicar cuadros y todo mi arte”.
Quienes lo ven desarrollarse día a día confirman que su talento es excepcional. Su profesora, Carolina Jiménez, destaca su autenticidad: “Él es un niño muy talentoso que tiene un estilo propio y sale de las cosas que uno le pide. Hizo su propia versión de aves chilenas con bellas tonalidades, tiene su sello propio. Hay que dejarlo volar y que siga adelante con sus creaciones”.
Por su parte, el profesor de Artes, Ignacio Espinoza, refuerza esta visión, recordando su audacia creativa desde siempre: “Desde más pequeño tiene sus propuestas creativas, se arriesga a proponer cosas distintas al resto”.
Al final de nuestra conversación, Manuel deja un mensaje para todos aquellos que, como él, sienten el llamado del lápiz y el papel. Un consejo que resuena con la fuerza de una convicción inquebrantable.
—¿Qué mensaje le darías a alguien que recién comienza a dibujar?
—”Que nunca se rinda con lo que quiere hacer, porque nadie dijo que existe lo imposible. Un dibujo puede ser una obra de arte por descubrir”.





